Es inevitable pensar en ello, en lo que vendrá después. Es, diría yo, necesario. Hemos ido pasando por distintos estados —incredulidad, miedo, conciencia, dolor— y ahora toca mirar más allá, proyectar nuestro futuro inmediato, ponernos en la situación de qué sucederá cuando esto termine. Matamos al bicho y ya está. Recuperamos los hospitales con su trasiego habitual. Volvemos al día cero como si nada hubiera pasado.
Pero es que eso no es posible. No debería ser posible.