Los que ya lleváis un tiempo pasando por aquí sabéis lo que me gusta a mí hacer listas. Esta semana, aprovechando que el calor ha entrado de golpe y porrazo para quedarse por Sevilla, se me ha ocurrido una entrada ligera y fresquita, casi playera, y también algo retro: una lista de diferencias entre lo que fue mi infancia (allá por los 80, OMG) y el mundo actual. Os animo a completar esta lista en los comentarios, friends.
- La calle. Esta es una de las diferencias más evidentes. La gente de mi generación pasábamos muuuchooo tiempo en la calle sin la vigilancia de los padres. Eso era así. Recuerdo desde bien chiquito (no sé, 7 u 8 años) bajar a la plaza a jugar al fútbol, a pillar o a saltar al potro (en otros lugares se llama pídola, ¿algún nombre más?). Más tarde, en la adolescencia temprana, jugábamos a beso, verdad o atrevimiento (esto exige un artículo propio, lo sé).
- La televisión. Casi me da vergüenza decir que me pasé la infancia siendo el mando a distancia de mis padres: me levantaba a cambiar de canal cada vez que me lo pedían (me lo exigían, en realidad…). Y, ojo, teníamos la friolera de… ¡dos canales! Por no hablar de haber visto muuchhhaaa tele en blanco y negro. Las películas y las series (que ya existían, eh) comenzaban con un aviso en forma de uno o dos rombos sobre lo inapropiado de sus contenidos para niños y niñas, y nuestros padres aprovechaban los malditos rombos para enviarnos a la cama antes de tiempo y provocarnos un deseo irrefrenable de saber qué pasaba en series prohibidas como Dallas o Falcon Crest
- La ropa. Sí, la ropa. A clase se iba cómodo, habitualmente en chándal o, en su defecto, con camiseta y vaqueros. Y el domingo tus padres te ponían guapo (o lo intentaban) con «la ropa de los domingos». Eso incluía, por supuesto, un par de zapatos, normalmente muy incómodos, que bajo ningún concepto podías ponerte para el día a día.
4. La tecnología. No quiero carcajadas, pero los ochenteros también disfrutamos de grandes avances tecnológicos: los ordenadores con MS-Dos, las máquinas de marcianitos, el aire acondicionado en los coches (a veces, cuando tu padre o tu madre ponía el aire, de pronto el coche bajaba su velocidad).
5. El campo. Sí, sí, lo que leéis: el campo ya no es lo que era. Lo primero, al poco tiempo de dejar la ciudad (cualquier ciudad) y salir de las carreteras principales que conectaban las capitales de provincia, todo era campo. Segundo, las carreteras secundarias eran, en muchos casos, caminos. Si te ibas al pueblo te ibas al pueblo con todas las de la ley: dando botes en el asiento de atrás del Ford Fiesta, el Simca 1000 o el Renault 5. Y el campo era todo campo. Eso del senderismo llegó en los 90.
Me viene a la cabeza un sexto punto en esta lista retro, pero creo que lo voy a dejar para desarrollarlo en otro momento. Una diferencia sustancial entre la infancia de mi generación y la actual es que nos aburríamos de distinta manera. Sí, nos aburríamos y no pasaba nada. Dadle vueltas a lo que digo. Llamadme loco, pero no se acababa el mundo si te aburrías.
¡Eh, ¿me cuentas tu lista?! Si te apetece, deja un comentario! ¡Y si quieres recibir las actualizaciones del blog, suscríbete!
2 comentarios
El fútbol base (y el fútbol en general). Campos de tierra, entrenadores con dudosa capacidad, niños que iban y venían sólos a entrenamientos y partidos (rara vez se veían padres), 3 balones para todo el equipo… Claro, ahora ya nos salen profesionales a los 9 años… en fin. Se ha perdido la esencia.
[…] quienes no fuerais adolescentes a finales de los 80 quizá os parezca algo sencillo y con poco glamour, pero es que no tenéis ni idea de lo que era […]